26 de Mayo 2004

Un ladrido remoto

No hay por dónde coger lo que rehuye
la prensión de la grapa, y el hierro
candente en el lomo árido de la red,
la que brinca y se da al vuelo corto
de una rama a otra rama del árbol
de la visión, lo que es (y lo parece)
encarnadura en la carne dura, verbo
inconjugado, potencialidad valva:
una y la misma cara vuelta del revés.

No hay poros en la piel convicta—
ella respira su propio hedor
por ventanas imaginarias, por vías
que comunican secretamente
con el pulmón arcaico de los mundos
virtuales en cuclillas. Bastaría
un soplo calmo de dama galante
para elevarlos al rango del General.

No hay indicios de la reconversión
deseada por el patrón del barco:
los remos están en alto y el timón
(flácido rabo sin alegría) aún apunta
hacia la costa vacía de los muertos
ni ungidos, ni bautizados.

Sólo un ladrido remoto parece hablar
de lo que pudo ser, fue un poco
y al fin se fue.

Escrito por Proteo a las 26 de Mayo 2004 a las 06:38 PM
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